martes, octubre 20, 2009

Pueblos del valle de Luna emergidos de las aguas


Cementerio de pueblos bajo la luna del pantano de Luna

Pueblos del valle de Luna
sumergidos en el olvido del tiempo,
secan la piel de sus piedras
bajo la luna del pantano.
Un cementerio de calles,
casas, molinos, cuadras,
majadas, íntimos sillares,
deja palpitando la vida de una época,
de gentes, de convivencia,
de historia, de vida, de muerte..
donde el agua y el barro
tiñe de un barniz de nostalgia.

Los esqueletos de los árboles,

negros de llanto,

buscan raíces en la tierra,

tierra reseca de pastos.

El reflejo del sol en las aguas

quietas del pantano

mueven en mi alma

los juegos de los niños,

voces de pastores ,

partidas de rebaños,

llegadas de vecinos,

campanas en la torre de la iglesia

lo cuentan y se borra.





4 comentarios:

Maypi dijo...

Todo puede surgir y resurgir. Los recuerdos renacen cuando parten las aguas. Una bonita imagen hecha con letras.

gaia56 dijo...

La vida sigue presente en estas tierras descubiertas en retazos temporales y que tú enlazas maravillosamente.
Un beso.

Esmeralda Martí dijo...

Las aguas anegan casas, piedras, calles ... pero no gentes. En nuestra memoria está el prodigio de poder resucitar por el recuerdo.
Bonito poema. Retazos de recuerdos que emergen bajo las aguas.
Un beso

El león de piedra y barro dijo...

Es una extraña sensación de vacío y abandono la que se siente al pasear por estas calles surgidas de las aguas como una Atlántida olvidada que reivindica, después de 50 años, su sitio entre los recuerdos de sus ocasionales visitantes. Pasear entre estas piedras en silencio es algo mas que un ejercicio de adivinación (para que era eso?, quien viviría aquí?, que fue de ellos?, como levantaron esas piedras?), es sobre todo un triste e inútil ejercicio de responder a la pregunta de “para que?” (tantos esfuerzos, ilusión). Ahora recuerdo aquel juego del ayer, hoy y el mañana, que hacías con tus exalumnos: si entonces aquellos hombres de hierro, como cíclopes gigantes, que levantaron con sus manos las casas y calles que aún hoy permanecen erguidas y orgullosas a los embates de las aguas, conocieran el futuro que esperaba a sus obras, y que hoy vemos ahogado y ceniciento, seguro que hubieran buscado otra tierra mejor, mas agradecida a la que dedicar sus esfuerzos.